Con el coche se puede ir absurdamente rápido… con las gomas y frenos a temperaturas adecuadas y en una pista con un asfalto, anchura, escapes y puntos de referencia determinados, que te permiten correcciones y hasta errores en ocasiones. Una carretera secundaria con tráfico rodado ya cambia el panorama. Hace años, el primer coche que conduje que me dio miedo fue un La Ferrari. Eran algo más de 900 cv, venía de un SV, no de un 325 tds y me dije: qué coj*nes es esto, me cago en Dios, es como una Superbike moderna, con el paso por curva de un coche de carreras de primer nivel… pero eran coches más de exposición y colección que otra cosa, a más de 1 millón el pelotazo para un cliente muy escaso por la corta producción y que raramente se paseaba con él y si lo hacía, era para lucir el coche. Hoy, eso ya lo tienes en deportivos “de diario” y acceso a la marca por menos de la mitad del precio. Y créeme que un cacharro de estos en una carretera da mucho, mucho miedo si vas rápido. Hablamos de más de 300 cv de los que tenía el Huracán cuando se presentó, que ya era un coche que apretaba de coj*nes. Y el problema es que van tan filtrados y tan recogidos por la electrònica, que no te das cuenta hasta que pasas el límite, y en ese momento, de verdad que se te ponen de corbata, pero puestos de verdad de la güena.