Contenido guay. Ladrillaco y la explicación de que somos gilipollas en España, pretensiones de quintuplicar la capacidad exportadora de electricidad "verde" ..... SIN COMPRADORES (porque se producen sus electricidades con nucleares).
España quiere convertirse en el gran exportador de electricidad verde y quintuplicar sus ventas... pero no tiene comprador
España pretende multiplicar por cinco sus exportaciones en 2030, especialmente a Francia, que tradicionalmente envía más electricidad de la que recibe
Según el escenario previsto por el Gobierno, en el año 2030 España estará cerca de culminar su transición a las energías renovables. Para entonces el porcentaje verde en la generación de electricidad será del 81%, 44 puntos por encima del 37% con el que cerró 2019, según la
última actualización del
Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC). Además, aspira a convertirse también en una de las
pilas de Europa y disparar su exportación de electricidad a los países vecinos, especialmente Francia. La idea, sin embargo, choca con los planes de estos y supone también cambiar por completo la dinámica de los últimos años.
A pesar del considerable incremento en potencia instalada que prevé el PNIEC, el documento recoge un escenario en el que
la demanda eléctrica doméstica prácticamente no asciende: pasa de 235 TWh en 2015 a 238 TWh en 2030. El sistema será más verde y robusto, pero hay también un excedente y un objetivo claramente exportador en el balance eléctrico para el escenario 2023-2030 que detalla el PNIEC. España, según el plan, multiplicará por cinco sus exportaciones respecto a 2019 o por cuatro si se toma como base un 2020 atípico para la generación eléctrica por estar marcado por la pandemia.
Aunque el plan es simplemente una hoja de ruta, sus hitos reflejan la transición energética que pretende realizar España. En valores absolutos, la idea es pasar de exportar los 11.859 GWh que se enviaron fuera de las fronteras en 2019 a
63.010 GWh en 2030. Incluso si se parte de los datos más recientes publicados por Red Eléctrica, los de 2022, supondría incrementar las exportaciones un 126% y no dejan de ser cifras extraordinarias consecuencia de un problema puntual.
Desde 1990, sólo ha habido cinco años -1990, 1991, 2010, 2022 y 2023- en los que España ha exportado a Francia más electricidad de la que ha importado. El balance en este periodo es de
87,3 TWh enviados y 223 TWh recibidos; es decir, un saldo positivo -entra más electricidad de la que sale- de 135,6 TWh. En los dos últimos años, el país galo tuvo que parar gran parte de su parque nuclear por un problema de corrosión que afectaba a sus reactores. En ese contexto,
importó mucha más electricidad española y, de hecho, en verano esto supuso un mayor protagonismo de las centrales de ciclo combinado, ya que las renovables no pudieron asumir toda la carga con la eólica parada en plena hora de calor.
En cualquier caso, el plan que recoge el PNIEC es que España exporte anualmente 63 TWh, lo que supone un 71% de toda la electricidad enviada a Francia en los últimos 33 años. Incluso aunque esta cantidad se reparta entre más países,
el envío está limitado a aquellos cercanos geográficamente, así que únicamente se podría sumar a Portugal, Marruecos y Andorra, si bien la demanda de todos ellos es muy inferior.
"Con este grado de penetración de solar fotovoltaica vamos a incurrir en momentos de lo que se conoce como exceso de producción para la demanda que necesitamos y en ese caso la exportación es la única medida", resume
Roberto Gómez-Calvet, profesor de Empresa de la Universidad Europea de Valencia y experto en suministro energético. La otra opción es "tirar la energía, no aprovecharla" y parar los parques para evitar que entre electricidad en exceso, lo que también colapsaría el sistema: "Tan malo es no tener como pasarse".
Esta es, por tanto, la clave:
¿quién va a importar la electricidad que prevé exportar España? El borrador contempla un saldo neto exportador (exportaciones menos importaciones) de, aproximadamente, 51 TWh en 2030. De estos, explica a EL MUNDO
Laureano Álvarez, socio de Monitor Deloitte, 49 TWh van a Francia y 2 TWh a Portugal. "Este plan contrasta con los escenarios publicados por nuestros países vecinos, en particular con Francia que aspiran a un nivel de exportaciones netas de 145 TWh", advierte Álvarez. "Además, también depende de que la ejecución de ampliación de capacidad entre España y Francia se complete antes de 2030", detalla.
Es decir, España no es el único país que está en plena transición y, si bien la electrificación supondrá una mayor demanda -en movilidad, por ejemplo, con los vehículos eléctricos-, difícilmente será suficiente para absorber toda la capacidad de producción adicional.
"Francia es muy reticente,
no está dando facilidades para incrementar la capacidad de interconexión entre Francia y España", destaca por su parte Gómez-Calvet. "Es una de las asignaturas pendientes que tiene España: tener mejor red con Francia y, de forma indirecta, con toda Europa", lamenta. Y Alemania, muy dependiente del gas, no puede recibir la electricidad española porque las redes actuales no permiten que llegue hasta el país, se perdería por el camino. "Si el sur puede vender energía en las horas centrales del día y el norte puede proporcionar eólica por la noche, tendría sentido hacer la autopistas de conexiones vía corriente continua, que son más adecuadas para distancias largas", zanja el profesor.
Aquí aparece el otro gran obstáculo para lograr el objetivo de exportación: la propia naturaleza de las renovables. O, más concretamente, de la solar fotovoltaica, tan intermitente como la eólica, pero
acotada siempre a unas horas concretas de producción. "La exportación es una forma de que otros países aprovechen el recurso renovable, cuando en España no tenemos demanda (o capacidad de almacenamiento) para esa generación", contextualiza Álvarez. "La cuestión es que para que ocurra la exportación, por un lado tiene que haber capacidad física para que se pueda llevar la energía (tienen que ejecutarse a tiempo la ampliación de capacidad) y, además, tiene que haber demanda del otro lado de la interconexión (por ejemplo, que no haya a la vez un exceso de generación queriendo exportarse desde ese país al nuestro)", apunta el experto.
La consecuencia es que España se beneficiará enormemente del sol -según el PNIEC,
la fotovoltaica será la segunda tecnología por generación en 2030, a muy poca distancia de la eólica-, pero sólo lo hará, como es lógico, de día. Si entonces los vecinos no tienen interés en importar electricidad, toda la sobrante se perderá si no se almacena. Según un reciente cálculo de Deloitte, anualmente habrá hasta 25 TWh de vertidos (energía no aprovechada) al año, casi la mitad de lo que se exportaría en ese escenario.
La generación solar y los hábitos de consumo ya producen un fenómeno conocido como curva de pato en el sector, por la forma que tiene la gráfica del precio de la luz. A mitad del día, cuando la producción fotovoltaica es más alta, el precio se desploma porque hay mucha oferta y la demanda es menor. Sin embargo, cuando cae el sol, vuelven a subir los precios. Es decir, si España vendiese su electricidad a esa hora
lo haría a un precio potencialmente inferior e incluso podría darse la posibilidad de que Francia, con mejores conexiones, revendiese después su electricidad más cara al norte de Europa.
INDUSTRIA Y ALMACENAMIENTO
Independientemente de lo realista que sea alcanzar los datos de exportación que refleja el PNIEC, hay varias formas de que España gane el órdago renovable que ha lanzado si consigue aprovechar toda la generación verde que va a tener. El almacenamiento, por ejemplo, permitiría trasladar horas días o meses la producción de la eólica y la fotovoltaica a momentos en los que no hay viento ni sol.
Las baterías son una tecnología cada vez más desarrollada -el sector, eso sí, demanda una regulación específica- para el corto plazo y la turbinación de bombeo aporta la estabilidad de una hidráulica sin verse tan afectada por la sequía. Centrales como
Gorona del viento,
en El Hierro, sueltan agua para producir electricidad en momentos puntuales y pueden recuperarla con turbinas alimentadas por fuentes renovables para repetir el proceso cuando sea necesario. En el ejemplo canario una central de diésel aporta respaldo y redundancia, pero en la península el sistema es más robusto y podría acudir a sus ciclos combinados, la nuclear o a otras renovables si la estación superior está vacía.
La otra opción es, sencillamente,
aumentar el consumo. "Para consumir la electricidad que van a producir las plantas renovables es necesario un mayor crecimiento de la demanda eléctrica", ilustra Laureano Álvarez. En su opinión, se podría recurrir a "nuevos consumos en la industria,
atraer industria que aproveche el precio de la electricidad más competitivo en España respecto a otros países europeos, y nuevos consumos como los centros de datos asociados a una mayor digitalización de nuestra economía". Al mismo tiempo, aboga por "invertir en redes de transporte y distribución eléctrica, que son las arterias del sistema eléctrico que permiten conectar nuevas plantas renovables y los nuevos consumos".
En cualquier caso, Álvarez recuerda que "la exportación de electricidad no es un objetivo en sí mismo". Es, detalla, "más bien un resultado de una modelización del sistema eléctrico basado en un crecimiento de la capacidad, evolución de la demanda, escenarios de precios a ambos lados de la frontera y una serie de hipótesis de dicho sistema". En este sentido, los objetivos del PNIEC -reducir las emisiones, incrementar la eficiencia energética o aumentar el peso de las renovables- se cumplirían aunque no se alcance el hito marcado.