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Un hierro para nostálgicos, pero para que tire de verdad y se comporte como un coche de carreras fiable y con aspiraciones, hay que hacerle muchas modificaciones. El más famoso seguramente es el del italiano Paolo Diana, que sólo conserva la carrocería y la calandra frontal para que se parezca a un 131 Abarth. Mecánicamente es un un auténtico coche "Frankenstein", con piezas de aquí y de allí.