Yo hay algo que le estoy dando vueltas y vueltas cuando veo BEV, PHEV, etc.
Si hablamos puramente de coches eléctricos (BEV), considero que tanto las marcas emergentes como las tradicionales parten más o menos del mismo punto tecnológico. Sin embargo, una firma con décadas de historia en la automoción cuenta con una infraestructura y unos recursos humanos que, a poco que hagan bien las cosas, le otorgan una ventaja competitiva enorme frente a cualquier startup. Aun así, insisto: en lo que respecta a la tecnología eléctrica pura, ambas están en la misma línea de salida.
Ahora bien, en el momento en que metes un motor de combustión en la ecuación, la situación cambia por completo. Las marcas tradicionales sobrepasan a las nuevas por goleada gracias a su experiencia. Por eso, cuando alguien se compra un PHEV de una marca china emergente, cabe hacerse algunas preguntas: ¿Se han parado a pensar qué rendimiento o fiabilidad ofrecen esos pequeños motores de combustión? ¿Son desarrollos propios o se trata de patentes antiguas compradas a cadenas de montaje europeas?
Introducir la complejidad de un motor térmico en un híbrido no es tarea fácil, y ahí es donde la experiencia histórica se impone.
Por último, el caso del Ferrari eléctrico. Este coche se convertirá en una auténtica rara avis, ya sea por el hito de ser el primero o por el riesgo de acabar siendo el último. Al final, este tipo de vehículos están destinados a convertirse en objeto de deseo para coleccionistas y especuladores, más que en coches para ser disfrutados en la carretera.
Dicho esto, a mí no me gusta este Ferrari.