Eso es una copia del HF Zero y del Carabo?
En 1978 en el Salón de Ginebra, rompió cuellos y desencajó mandíbulas. Nadie podía creer tal estilo en un japonés y menos en uno novel, la prensa y potenciales clientes empezaron a avasallar a la empresa con preguntas sobre su fecha lanzamiento y características.
No es que estemos hablando de un coche con unos números brutales, equipaba un motor Nissan 2.8 de 145 CV y pesaba 920 Kg, juguetón pero nada del otro mundo. Pero aún así la demanda parecía más que satisfactoria, desorbitada incluso, los fundadores de la joven empresa podían tocarse las orejas con la comisura de los labios y volvieron a casa a hablar con la autoridad pertinente para homologarlo.
Poco les duró la alegría a los de Dome, se les denegó la posibilidad de homologarlo, nadie sabe muy bien por qué, lo único que se sabe es que, en aquella época, homologar un coche en Japón no era coser y cantar.
Pero los japoneses estaban realmente ilusionados en este coche, cuando la pasión te quema en el pecho no hay más opciones hay que seguir luchando, así que desecharon su propio mercado y decidieron hacer un Zero nuevo homologable en otros mercados, fundamentalmente el americano, que era dónde más demanda habían percibido. Así es como nació el Dome Zero P2, con el objetivo en el mercado norte americano y con las 24 Horas de Le Mans (categoría Sport Prototipo) entre ceja y ceja.
El automóvil no había cambiado drásticamente desde su predecesor y la gente volvió a quedarse boquiabierta con esta cuña japonesa. Por suerte o por desgracia consiguieron la homologación, por suerte porque significaba poder ver el coche rodando en la calle, pero por desgracia también significó un brutal ascenso en los costes de producción que significaban tener que pagar 33.000 $ para meter uno en el garaje. Que para los comienzos de los 80 significaba una pasta, un pastizal mejor dicho.
El proyecto acabó en la basura, era imposible sacarlo a flote, todo el mundo creyó que el Dome Zero se había convertido en uno de esos tantos fracasos automovilísticos, uno de los más grandes al desperdiciar una tan esperanzadora proyección.