Como veo cierta incredulidad, te cuento mi caso:
Todas las mañanas salgo del parking y ya a 50 metros me encuentro con la entrada al carril de aceleración para meterme en una carretera de ámbito comarcal. Es decir, no he recorrido practicamente nada y tengo que achuchar un poquillo, cosa que me duele, pues para incorporarme al tráfico que es denso en las horas puntas, necesito cierta velocidad. Todas las mañanas puedo notar lo mismo. Desde el momento que empieza la secuencia de darle al gas para incorporarme, noto esa tenue vibración sorda del motor frío que envuelve volante, cambio y pedales, pero que al transcurrir pocos kilómetros se va disipando hasta desaparecer totalmente y en donde la respuesta del vehículo se hace directa, fluida, decidida, enérgica, pasional, deliciosa, divertida...
En definitiva, con el motor frio, pero frio matutino, el tacto es diferente y se nota cuando va entrando en calor. Quizá sea porque requiero de forma inmediata algo de potencia. Es posible que en ciudad, a poca potencia requerida, no se aprecie de la misma manera. Digo yo.