Francisco S. Jiménez - Madrid - 07/10/2013
La deuda neta de la inmobiliaria ascendía a 1.200 millones de euros al cierre de 2011, 54 veces su resultado de explotación -que se situaba en 22 millones-, según las últimas cuentas públicas de la compañía.Es un desajuste financiero inmanejable e inimaginable, que significa que deberían pasar más de 50 años para que Hercesa salde su compromiso financiero si mantiene constante el actual beneficio de explotación.
La alegría que tenía la banca para cerrar refinanciaciones parece que toca a su fin con el endurecimiento progresivo de la regulación crediticia. En este tipo de negociaciones con la banca se encuentra Hercesa desde marzo de 2009, cuando acordó con la mayoría de sus acreedores aplazar el vencimiento de la deuda hasta mediados de 2011, esperando una reactivación del negocio.
Pero el ejercicio de 2010 fue una pesadilla por el desplome de las ventas. El beneficio cayó el 80%, hasta los 4 millones de euros. Posteriormente fueron reformuladas las cuentas, registrando pérdidas por 2 millones.
El rigor de la crisis obligó de nuevo a la inmobiliaria a verse con la banca acreedora para esquivar la quiebra ante la imposibilidad de cumplir los compromisos financieros ya pactados. Santander, BBVA, Bankia, CaixaBank, Popular y otras seis entidades de menor tamaño se comprometieron a mantener en cuidados intensivos a Hercesa, garantizando su funcionamiento con inyecciones de liquidez para continuar con sus proyectos y aplazando de nuevo, hasta 2016, el vencimiento principal de la deuda.
Por su parte, la inmobiliaria aceptaba un duro plan de negocio, que incluye un ajuste de plantilla y la desinversión de activos -por valor de más de 70 millones de euros- que estaban destinados al alquiler.
En 2012 tuvo que afrontar la devolución de 132 millones de euros. Ante esta situación, resultando como consecuencia que la segunda mitad de 2011 fue de los peores períodos vividos por el sector, BBVA, Caja Mar, Caja España- Caja Duero Liberbank y el ICO (la mitad de los acreedores financieros) retiraron el apoyo a Hercesa. El resto continuaron con la estrategia de "patada a seguir", abriendo una línea de liquidez para garantizar el cumplimiento de los compromisos financieros y dejando abierta la puerta a futuras negociaciones.
Como en el circo romano, la continuidad de la inmobiliaria depende del pulgar de Bankia, Popular, Santander y CaixaBank. Si es hacia arriba, podrá pagar los 98 millones de vencimiento de 2013. Pero si es para abajo, terminará abocada al concurso de acreedores.
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