El Ferrari Luce es un 250 Europa con 73 años de ventaja
A priori, es buena estrategia
Hay una historia detrás del
Ferrari Luce que casi nadie tiene en cuenta, y es que
Jony Ive, el exdiseñador de Apple al que
Ferrari encargó el habitáculo de su primer eléctrico, tiene un
250 Europa de 1953 en su garaje. Ese coche fue el primer gran turismo de carretera que salió de Maranello, y el volante del Luce es una reinterpretación directa del Nardi que lleva el suyo. Sígueme el rollo y verás que tiene sentido.
La conexión entre ambos coches va mucho más allá de un volante, porque el Luce repite con una batería lo que el 250 Europa hizo con un V12, es decir, cambiar para siempre lo que significa ser un Ferrari. Ive ya lo dijo en San Francisco el pasado 9 de febrero, durante la presentación del interior, con una frase que resume su filosofía de trabajo: sería arrogante no estudiar la historia cuando diseñas un Ferrari.
Dos primeras veces separadas por 73 años
El
250 Europa fue el primer Ferrari pensado para quien no pisaría un circuito. Maranello fabricaba hasta entonces coches de carreras disfrazados con asientos de cuero, pero el 250 Europa rompió esa lógica porque nació como gran turismo desde el primer trazo. Este era un 2+2 con
V12 de 200 CV, carrozado por Pininfarina, cuya plataforma acabó siendo la columna vertebral de Ferrari durante más de una década y dio pie a algunos de los coches más importantes del siglo XX.
El Luce repite ese esquema de “primera vez”, porque es el
primer Ferrari puramente eléctrico, con cuatro plazas reales (no como las del 250 Europa, que servían más de bandeja para maletas), y un interior diseñado por un estudio externo por primera vez en décadas.
LoveFrom, el colectivo creativo de Ive y Marc Newson, lleva cinco años metido en el proyecto, así que la colaboración tiene un calado comparable al que Pininfarina consiguió cuando pasó de carrozar un solo modelo a definir la identidad visual de toda la marca.
Los números son muy diferentes, eso sí. El 250 Europa daba 200 CV y alcanzaba 218 km/h, que en la época eran muchísimo, mientras que el Luce llega con
más de 1.000 CV repartidos en cuatro motores eléctricos dispuestos en
configuración Halbach (la misma tecnología que usan en sus monoplazas de Fórmula 1), hace el
0 a 100 en 2,5 segundos y pasa de 310 km/h, aunque con
2.300 kilos nadie lo confundirá con aquel coupé italiano que apenas superaba la tonelada.
Lo interesante es que la apuesta estructural es idéntica si pensamos que Ferrari apostó en 1953 por un coche de carretera cuando vivía de las carreras, y esa decisión definió la marca, mientras que ahora apuesta por fabricar un eléctrico cuando su identidad sigue atada a la combustión, presionado por una regulación europea que obliga a reducir emisiones o pagar multas millonarias. El riesgo, en ambos casos, es enorme, pero es lo que hay cuando los burócratas de Bruselas se empeñan en legislar hasta el papel de váter.
Un volante que viaja en el tiempo
Ive tiene el 250 Europa en su colección personal, junto con otros clásicos como un Bugatti Type 59 y un Bentley Continental S3, y el volante Nardi de tres radios de su Ferrari fue el punto de partida del que lleva el Luce. El resultado son
19 piezas mecanizadas por CNC en aluminio 100% reciclado, con un peso 400 gramos inferior al de un volante actual de Ferrari. La silueta es casi idéntica a la del Nardi original, pero ahora lleva interruptores anodizados contra cristal negro y los controles del
Manettino y el E-Manettino, que gestiona los modos de conducción eléctricos (Range limita la potencia al 50%, Tour al 70% y Perfo libera el 100%).
El detalle más ingenioso está detrás del volante, porque el cuadro de instrumentos va montado sobre la columna de dirección y se mueve solidario con ella, algo inédito en un Ferrari. Son varias capas de
pantalla OLED fabricadas por Samsung que generan un efecto tridimensional, con agujas físicas movidas por mecanismos de engranajes y tres motores eléctricos independientes: el velocímetro central combina una aguja analógica con lectura digital, el indicador izquierdo muestra potencia y regeneración, y el derecho alterna hasta siete lecturas distintas, desde presiones de neumáticos hasta un indicador de fuerzas g. La tipografía, bautizada como
LoveFrom Maranello, está inspirada en los instrumentos Veglia y Jaeger de los años 50 y 60, así que el conjunto funciona como un reloj de aviación cruzado con smartphone.
Ferrari ha declarado la guerra a las pantallas táctiles gigantes que dominan el interior de los eléctricos actuales, y eso es mérito directo de Ive. El tipo que popularizó el iPhone decidió que tocar una pantalla a 200 km/h no tiene ningún sentido, así que la consola central lleva
botones físicos de aluminio anodizado, selectores de vidrio y un mando rotatorio que recuerda a la corona del Apple Watch. La pantalla central existe (10,12 pulgadas, montada sobre rótula para orientarse hacia el conductor o el acompañante), pero queda relegada a un papel secundario frente a los mandos mecánicos. La consola incorpora además un multigraph en la esquina superior derecha con cuatro funciones (reloj, cronógrafo, brújula e información de Launch Mode) que funciona con un mecanismo propio de tres motores y múltiples trenes de engranajes.
La llave completa el ritual, y merece párrafo aparte. Está fabricada en
vidrio Corning Fusion5 con pantalla de tinta electrónica E Ink (una primicia en automoción), y al insertarla en su base se activa una secuencia luminosa que va del amarillo Ferrari al negro mientras el habitáculo cobra vida. Es la clase de ceremonia que un propietario del 250 Europa habría entendido perfectamente, porque si vas a arrancar un Ferrari, deberías vivir una experiencia de arranque interesante.
Un sonido que no finge ser lo que no es
Ferrari registró
más de 60 patentes relacionadas con este coche, y una de las más reveladoras tiene que ver con el sonido. Imitar un V12 habría sido directamente hacer trampas, así que los ingenieros de Maranello desarrollaron un sistema que
amplifica las vibraciones reales del tren motriz eléctrico mediante sensores en el eje trasero. Ferrari lo compara con una guitarra eléctrica en el sentido en que el instrumento genera el sonido y el amplificador lo hace audible, pero la vibración es auténtica.
El sistema filtra esas frecuencias y las proyecta en el habitáculo a través de altavoces, pero solo cuando el conductor lo pide. La idea es que al circular tranquilamente el coche mantenga el silencio propio de un eléctrico, mientras que al pisar a fondo o usar las
levas de cambio simulado (sí, el Luce tiene un modo manual que dosifica el par mediante las levas, al estilo del Hyundai Ioniq 5 N), el sonido aparezca como respuesta natural a la conducción. Además, han trabajado un sistema llamado
Torque Shift Engagement que simula la retención del motor, porque sin esa referencia física el conductor pierde una parte fundamental del diálogo con el coche.
El precio estimado supera los
500.000 euros, así que eso limitará mucho nuestras opciones de ver uno en el parking del Lidl. Los motores traseros entregan 416 CV cada uno y los delanteros 141 CV, con un eje delantero que se desconecta automáticamente durante la marcha de crucero para maximizar la autonomía, además de dirección a las cuatro ruedas, vectorización de par en ambos ejes y la
suspensión activa heredada del F80.
Dar marcha atrás con este proyecto ya no es una opción para Maranello, y probablemente tampoco lo deseen. Ferrari ha metido demasiado dinero, demasiada ingeniería y demasiada reputación en el Luce como para considerarlo un experimento, así que es una apuesta existencial, igual que lo fue el 250 Europa en su momento.
La misma jugada con distinto motor
Lo revelador es que Ferrari eligió enseñar primero el interior, igual que cuando presentaron el 250 Europa en el Salón de París de 1953. Entonces como ahora, lo que importaba no era tanto la carrocería sino lo que sentías al sentarte dentro. La presentación completa del exterior está prevista para el
25 de mayo en Italia, así que todavía nadie sabe qué aspecto tendrá por fuera, aunque los prototipos camuflados que han aparecido cerca de Maranello apuntan a algo entre un shooting brake y una berlina elevada, más pequeño que el Purosangue, pero con una batalla casi igual (2.960 mm frente a los 3.018 mm del SUV).
El Luce es el segundo momento en 73 años en el que Maranello se reinventa para un público que todavía no sabe que quiere un Ferrari. Ive y su equipo han pasado cinco años trabajando en cada detalle, y el resultado es un interior que combina la obsesión de Apple por los materiales y los acabados con la herencia de una marca que lleva desde 1947 fabricando objetos de deseo. El nombre,
Luce, significa “luz” en italiano, pero también puede leerse como “electricidad”, y Ferrari insiste en que la electrificación es un medio y no un fin.
Queda por ver si un Ferrari sin rugido de motor puede generar la misma emoción que sus antecesores. Pero si alguien le hubiera dicho a Enzo Ferrari en 1953 que su coche de carretera acabaría siendo más importante para la marca que cualquier victoria en Le Mans, tampoco se lo habría creído.
Ferrari Luce diseñado por Jony Ive. Una reinterpretación tecnológica que conecta el futuro eléctrico con el primer gran turismo de 1953.
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